El gatito jugaba: con sus zarpitas atrapaba una cosita que se movía en el suelo. El pequeño felino aprendía a ser adulto, con graciosos movimientos de gatito juguetón.
La cosita que se movía era presa del terror más absoluto. Estaba cansada, mareada, le dolían mucho sus heridas sangrantes, luchaba desesperadamente por su vida, y sabía que llevaba las de perder.
Lo bueno y lo malo: subjetividades.
El Universo es indiferente.







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